Es un hecho que nuestra manera de alimentarnos es el
producto de un conjunto de situaciones. Todo influye: la cultura y tradición
familiar, nuestro presupuesto, la concepción social de la comida, el tiempo y
lugar, y muchas cosas más…
Lo cierto es, que preferimos comer aquellos
alimentos que nos dan no sólo esa satisfacción física. Los alimentos tienen la
peculiaridad de recordarnos lugares, épocas de nuestra vida, de disminuir la
ansiedad y provocarnos estados emocionales que difícilmente podemos reproducir
de otra manera.
Las emociones influyen en nuestra forma de comer ¿y
qué tal si nuestra forma de comer influyera en nuestras emociones? No suena
nada ilógico.
Un reciente estudio español, realizado a 12 059
personas, demostró que el consumo de grasas saturadas y trans (aquellas
presentes sobre todo en los productos que han sido industrializados y las
comidas rápidas), incrementa el riesgo de sufrir depresión hasta en un 42%.
Como en todo estudio, siempre hay que tomar la influencia
de otros factores. Cuando se corrigen las variables “confusoras” nos quedamos
con un 30% más de probabilidad de deprimirnos únicamente por el consumo de
grasas saturadas, termina siendo innegable la influencia que puede tener la
alimentación en nuestras emociones.
Consume grasas monoinsaturadas (aceite de oliva,
nueces, almendras, aguacate). Preferir estas opciones no sólo mantendrá más
saludable tu corazón y menos inflamado a tu cuerpo, comer saludable …¡¡ y
rico!! Puede ayudarte a lograr un mejor estado emocional. Más libre de
presiones, estrés, depresión, ansiedad y muchos otros malestares emocionales
que afectan de manera drástica nuestras capacidades.
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